El blog de Max Römer: noviembre 2007

jueves, 29 de noviembre de 2007

La fuerza está contigo

Hoy, cuando la negativa a darle color rojo al país se levante en la avenida de quien nos dio la libertad, veremos conmovidos que la fuerza está con nosotros.
El entusiasmo de los jóvenes estudiantes es como un virus. Nos contagia a todos por igual, nos plena de fuerza y nos invita a participar.
Anteayer, cuando la oscuridad de las pasiones soldó las puertas de la Ucab para impedir que sus miembros salieran del recinto universitario, una fuerza enorme se apoderó a quienes queremos una Venezuela libre, soberana y sobre todo, en paz. Para aquellos que sortearon esos momentos de dificultad y de incertidumbre, vaya el mensaje más impresionante que nos legó el cine de ciencia ficción: que la fuerza esté contigo.
Ojalá que ese virus de fortaleza, entereza, honestidad, raciocinio y frescura se nos contagie a todos por igual y que sea el antídoto para esta enfermedad que acaba lentamente con los más caros valores de los venezolanos.
Ya narraremos en este blog lo que se verá más tarde en la avenida Bolívar el día de hoy, jueves 29 de noviembre; y sin duda, destaqueremos también la concentración que convocan para el día 30.

domingo, 25 de noviembre de 2007

¡el que lo dice, lo es!

“Vagabundos, maleantes, jalamecates, estúpidos y retardados mentales”[1]
o ¡el que lo dice, lo es!
Cuando en la escuela uno recibía algún insulto por parte de un compañero de clases, la fórmula era simple: ¡el que lo dice lo es!
Chávez demuestra con sus insultos a los prelados de la Iglesia Católica venezolana que les tiene terror, que sabe que mueven a la opinión pública y que a la vez, son capaces de darle lustre a las ideas que son verdaderamente sociales, incluyentes y satisfactorias para el espíritu.
Particularmente he trabajado con Luis Ugalde, s.j. 16 años de mi vida. No me puedo quejar de un hombre probo, honesto, trabajador y sensible ante el dolor y necesidad del otro. Decir o pensar otra cosa, es absurdo. Un hombre que está a la altura de las circunstancias, un venezolano como el que más.
De los obispos puedo hablar otro tanto. Fui asesor –ad honorem- de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) en el período de Baltasar Porras y debo decir que en ese tiempo lo que se buscó siempre fue tender puentes entre la CEV y el gobierno de Chávez. Al punto que fue el propio presidente de la CEV quien hizo los trámites para una honrosa salida del presidente Chávez en abril de 2002. Las vueltas del destino, los manejos políticos errados, le dieron a Chávez un regreso a su puesto legítimamente obtenido en las urnas y, en señal de arrepentimiento blandió un crucifijo pidiendo perdón, y lo perdonamos.
Hoy, en el fragor de la contienda entre síes y noes, en la definición de una nueva patria, Chávez insulta, veja y mezcla a Uribe y la ira que le da su propia inacción, con la tarea que se le pidió emprender, su papelón internacional, con las posturas firmes de los obispos y curas.
Chávez busca culpabilizar siempre. Cuando las cosas no las hace bien, no le salen como las pensaron sus asesores, culpa. Un estilo muy primario de proceder. De eso no tiene duda ni el propio Rey de España. A Chávez le queda grande el ser presidente de un país empobrecido con la dádiva por la dádiva, enriquecido por los precios del petróleo y ridiculizado por la corrupción que emprenden sus “si-oui”[2].
¿No será que -como en tiempos escolares- Chávez busca entre sus acólitos a vagabundos, maleantes, jalamecates, estúpidos y retardados mentales que le digan que sí a todo? Recuerde, señor presidente, que el que lo dice, lo es.

Dr. Max Römer Pieretti. Caracas, 25 de noviembre de 2007.
[1] Chávez dijo esas palabras a los prelados de la Iglesia Católica venezolana el día 24 de noviembre de 2007
[2] Si-oui es una expresión venezolana para describir a los pusilánimes que dicen sí a todo lo que diga su jefe.

jueves, 22 de noviembre de 2007

Chávez y su gira internacional

El presidente estuvo de gira. Un tour que lo llevó desde Irán, Portugal, Francia, Cuba –por supuesto- y de retorno a su patria.
El motivo de su viaje fue una promesa que mantuvo en vilo a buena parte del planeta: la certeza de pruebas de la vida de la secuestrada más famosa de Colombia, la excandidata presidencial Ingrid Betancourt.
A su llegada a los Elíseos, un Sarkozy ilusionado con anotarse un segundo tanto en el tema de los secuestros, saludaba a la prensa en cómplice acción para saber lo que el mandatario colorado le llevaba.
No más terminada la reunión, la sorpresa fue mayúscula. El retrato forzado de la familia de la lideresa colombiana junto al líder venezolano habla, en caras desilusionadas, del papel triste que llevó Chávez hasta Francia… Una impoluta hoja en blanco.
Pero el papel no terminó allí. A su llegada a Venezuela, frente a los estudiantes que le creen, que le dicen sí a todo lo que proponga, inició una calistenia de esas que distraen la atención de sus seguidores y de la prensa hacia una de las cortinas de humo que tanto le gusta levantar para desviar la atención de la prensa nacional, deseosa de ser parte de la comparsa de este personaje que nos tiene a todos de cabeza, bien por la sorpresa que nos prepara ese día y que no deja de sorprender, bien porque nos sigue seduciendo con sus formas discursivas.
El caso es que las cortinas parecen cada vez más propias de un comercial de cigarrillos que de verdadera distracción pública hacia su discurso.
Su llegada a Venezuela es tal vez una de las más pálidas de los últimos tiempos. Fue coronada por la casa de Nariño, por un nuevo silencio que le impone la diplomacia al dejarlo fuera del juego de negociaciones con las FARC, ya que en entredicho había quedado en el penúltimo viaje a Chile frente a sus colegas iberoamericanos.En ocasiones los viajes no son lo más recomendable, máxime cuando el incendio de la casa es lo prioritario

Manos blancas, caminar largo

Quienes somos profesores de los que protagonizan las protestas en Venezuela en contra de la reforma constitucional, por defender los derechos civiles, nos podemos sentir orgullosos de haber hecho algo por el país a través de ellos.
Son los jóvenes universitarios, los paladines de la justicia a quienes admirábamos en las tiras cómicas cuando pequeños, pero sin lycras, sin capas. Sus armas son simples, la palabra, la convicción, las manos limpias y blancas en son de paz, su meta es compleja: una patria libre, soberana, plena de oportunidades para todos, donde el trabajo sea el motor y el creador de las transformaciones, donde la política sea un acompañante para la buena sanidad de una nación.
Sé que con las palabras insufladas en las aulas de muchos de nosotros sus profesores, de las conversaciones tras un café o en un pasillo con los brazos llenos de libros y exámanes por corregir, hicimos lo que le correspondió a nuestra generación: dar pistas y pinceladas para el país que nuestros jóvenes nos invitan a construir, porque los sueños se quedaron durmiendo en los cuadernos, junto a los apuntes y los corazones atravesados; porque los sueños se materializan en marchas, ondear banderas, leer leyes, ser ciudadanos ejemplares.
Las manos que sigan blancas, que sigan inmaculadas en la inocencia de la juventud, pero que la marcha larga que espera, esté plena de las recompensas que sólo el viento sobre la frente sudada es capaz de otorgar.
Que el caminar sea largo no debe importarles. Que el espíritu de las manos blancas los inspire y que ese rol de enseñanza al mundo, permanezca en el tiempo.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Chiriguare y Constitución

Chiriguare y Constitución

Dr. Max Römer Pieretti

En la sociedad, todo pasa por las manos de la comunicación. Los medios retratan lo que es importante, la gente los sigue como fuentes de información, los comentarios de la gente se reflejan otra vez en los medios. Es así.
Los países se rigen por leyes. Usan una ley grande, paraguas, para definir lo que son, por eso las llaman constituciones. Por ser grandes (magna), importantes, únicas, rigen todo el hacer y destino de un país, velan porque se trate al país como un buen vecino en la comunidad de naciones, habla de la infancia, de los jóvenes, de los adultos, de los deberes, de los derechos, de las formas democráticas, hasta de los símbolos patrios. Reflejan la vida, las formas de ser, el comportamiento. Son, en definitiva, la forma de regir los destinos de los nacionales de un territorio.
Por ser tan importantes, los ciudadanos se ocupan de que salgan bien, que queden bien redactadas, que cada artículo refleje lo que somos, lo que queremos, que se entienda lo que dice allí, que se divulguen adecuadamente, que todos la conozcan.
Se escriben en paz, en concordia y por consenso. Son algo así como la bendición de un matrimonio. Un momento en el que imaginamos que todo saldrá bien.
¿Qué nos está pasando? ¿Es acaso que no entendemos que el clima para redactar una constitución es la paz?
Los venezolanos somos como una fiesta de fin de curso. Toda felicidad esbozada en papel recortado decorando al patio de la escuela, mientras suena por una corneta el Chiriguare y salen los niños a bailar y cantar. ¿Entonces?
Si la constitución es esa carta fundamental, la comunicación debe hacernos sentir eso. Pero… parece que el clima no es de paz. Es de imposición, es de cinismo, es altisonante y malagradecido. Con ese clima la comunicación poco puede hacer. Solamente refleja lo que ocurre en la Asamblea Nacional, en agosto y en octubre. Nos quedamos perplejos cuando un grupo de jóvenes estudiantes, escuchando y tratando de plantear su punto de vista, son golpeados y sacados del recinto nacional de todos los venezolanos que creemos en la democracia y en el sentir republicano legado por los próceres.
La comunicación también ha hecho lo propio. Se ha editorializado de tal forma, que quienes detentan el poder ya desprecian el sentir plural que se supone debe existir en las páginas de la prensa –toda la prensa- y entonces, envalentonados como están en sus ideas, no dan paso a nada más.
En medio, los ciudadanos confundidos, abucheados o abucheadores, salen a la calle a tratar de imponer su punto de vista para que cuando se sientan en minusvalía, esgrimir un “vamos a dialogar que en el país cabemos todos”
La fiesta del Chiriguare se ha convertido en un horror, efectivamente el zamuro se comió al chiriguare, como versa la canción. Pareciera que los del tercer grado le quieren caribear el baile a los del segundo. De eso no se trata. Baila primero el segundo grado, luego el tercero. ¿Y los de segundo? ¿Nos vamos a dejar caribear? Más tarde habrá refrescos y comida para todos si nos ponemos de acuerdo.
En el país que queremos, estoy seguro de eso, lograremos, si ponemos voluntad en ello, poder conversar sin adoptar posiciones radicales, escuchándonos alternativamente, como en las normas del buen hablante y oyente que aprendimos en las aulas de clase, y si los medios nos ayudan a pensarnos así, frescos, dialogantes, compartiendo lo que sabemos y lo que somos, podremos escribir en sana paz la Constitución Nacional que esperamos, ¿nos les parece diputados?