El blog de Max Römer

sábado, 13 de junio de 2015

Toccata ¿Y fuga?

Ya no es noticia que Felipe González estuvo por Caracas para tratar de ayudar a que la justicia venezolana se ocupe de lo que debe: enjuiciar adecuadamente a los presos políticos el régimen chavista de Nicolás Maduro.
Muchos dicen que fue un viaje de "tocata y fuga". Que a pesar de las firmas de mandatarios bajo el brazo suscribiendo sus actos, tuvo que salir por la puerta trasera. ¿No lo logró? Creemos que logró mucho. Alcanzó como meta aglutinar, al menos por unas horas, a la oposición venezolana. Pudo llamar la atención internacional en torno a un régimen que se sale de los cánones de lo que se entiende por separación de poderes. Presentó los desmanes de un gobierno contra su pueblo. Y mostró solidaridad universal con los problemas que padece la población venezolana producto del desgobierno de Maduro.
Felipe González, amigo de Venezuela desde el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, enseñó que el afecto se mide en acciones, con hechos, dando respaldo aunque se quede -a decir de muchos- en las portadas de los periódicos. La salida de prisa, gracias a Colombia, tiene dos lecturas. Una oficialista y bien torpe por cierto, de que González le tuvo miedo a Maduro. Otra, que es propia de quienes entendemos la inteligencia diplomática del español, que esa forma rápida de dejar la escena, demuestra la indefensión de los venezolanos frente al régimen chavista.
La noticia, más que lo reflejado por los medios, ayudó a que los muchos miembros de la oposición se sintieran cuerpo. La Mesa de la Unidad Democrática -MUD- se retrató con el líder socialista, lo que asintió el español con beneplácito dejando la conseja de la necesidad de diálogo. Siempre supo que su visita sería incómoda y, sabiendo que la incomodidad se hacía salpullido, puso pues en polvorosa.
Encargado de una misión imposible, de esas de película, Felipe González puso una pica en Caracas. Un blasón de búsqueda de entendimiento con un régimen que se niega rotundamente a dar cualquier paso que no esté apegado a las formas oprobiosas.

domingo, 31 de mayo de 2015

¡No señor! No son dos Venezuelas

Después de las marchas que se sucedieron por todo el territorio venezolano en apoyo a los dirigentes políticos de la oposición presos por el gobierno de Nicolás Maduro, el presiente dijo a voz en cuello que hay dos Venezuelas. Una minoritaria que busca desestabilizar y la que él representa que pretende la estabilidad.
¿Qué dice? ¿De qué habla? ¿Usted hace mercado? ¿Va a las farmacias? ¿Compra repuestos para su automóvil? Sin duda, no. No lo hace. Usted, señor Maduro está en su Palacio de Miraflores vociferando, haciendo creer que gobierna, amparando a la corrupción que campea a sus anchas. Usted se regodea en los presos políticos que tiene en las cárceles. Usted está aterrorizado de perder la mayoría en la Asamblea Nacional y por eso no convoca elecciones.
Usted, según sus propias palabras, es un dictador. Y, los dictadores no son demócratas ni garantes de la paz. Son los que asumen el poder para generar conflictos, para dividir –un poco más de lo que ya lo había hecho Chávez– a un pueblo que lo que busca es poder vivir, comer, trabajar y tener un mínimo de seguridad en las calles. Si eso tiene dos lecturas, dos formas de entenderlo, pues habrá dos pueblos: el suyo, que le merma bastante todos los días, y el de los de las camisetas blancas que marcharon ayer en 37 ciudades.
Las marchas, digna forma de ejercer el derecho de protesta y manifestación, tienen que ser leídas por usted de otra forma. Tiene, es su deber como mandatario, que escuchar a esa gente que reclama, que le dice cosas, que le apunta por dónde deben enfocarse sus acciones de gobierno.
Pero no. Usted no escucha. Usted oye a un pajarito que le dice cosas, usted oye la voz de Chávez que lo orienta a decidir. Usted ha quebrado al país, lo ha llevado a una hiperinflación, lo tiene desabastecido, con cartillas de racionamiento, preso en sus casas desde que atardece hasta que vuelve a amanecer en un toque de queda civil por el hampa desatada que respalda con su inacción.
Usted ha acabado con el empleo porque, al igual que su mentor, destruye empresas productivas con un afán de quitarle a los “ricos” sus propiedades para que sean del “pueblo” y así se reparta la “riqueza” que es de “todos los que me siguen”. Paparruchas señor presidente. Palabrería de politiquero de poca monta y mucha ruina. 

sábado, 23 de mayo de 2015

Mamarrachada

Las autocracias, primero idolatradas por el pueblo que enceguecido las secunda, terminan haciendo mamarrachadas. De tanto populismo, de manejar la política sobre la base de un supuesto reparto justo de la riqueza, de entregar los recursos al pueblo dejando una buena parte en los bolsillos de los repartidores, terminan convirtiéndose los dirigentes políticos en mamarrachos. El manejo despótico del poder, la designación a dedo de los sucesores, ese empeño por perpetuarse en la política de un país, sumerge a los políticos en mamarrachos, de acuerdo a la tercera acepción de la palabra: informales, no merecedores de respeto.
¿Qué pasa en Venezuela? ¿Son todos los habitantes de ese país al sur del Caribe mamarrachos? ¿Son cómplices de lo que pasa en las cúpulas del poder? ¿Cómo es posible que un país que se precie de tener elecciones a cada rato sea tan mamarracho?
Explicar la mamarrachada (acción desconcertada y ridícula), es complejo. Por una parte, porque la economía no tiene explicación salvo que el dinero se escape por vías fraudulentas entre los dedos de quienes lo manejan, o no se escape y termine en los propios bolsillos de quienes lo manosean. Por otra parte, porque el control extremo de los gobiernos autocráticos del chavismo (en la silla presidencial del Palacio de Miraflores desde febrero de 1999) ha terminado con la libre empresa, con la libertad de prensa, con el libre flujo del dinero, con la libertad de tránsito (no se puede viajar si no se tiene permiso del gobierno para tener divisas para el viaje), o de la libertad de comprar lo que se necesita en el momento que se quiera, sino bajo estrictos controles que pasan por el día relativo a tu carnet de identidad.
La mamarrachada se subraya entonces con querer ser encantadores de masas. El uso de lo masculino y femenino en todo momento y sin pensar: libros y libras, estudiantes y estudiantas, adolescentes y adolescentas, en fin, todo en doble género que, además de mostrar una incultura rampante, demuestra un intento por ser inclusivo desde la propia exclusión.
¿Entonces? ¿Cómo se puede ganar respeto si se es tan informal? ¿Cómo se puede tener una economía sana si no se sabe cómo invertirla en el propio Estado? ¿Cómo se puede tener un diálogo de país si los interlocutores son excluidos al sumarlos a la delincuencia común y encarcelarlos sin juicio?
La mamarrachada mayor está en creer que por todo ese manejo del poder se podrán librar de la justicia universal, creer que violar los derechos humanos es el legítimo uso del poder y creer a la vez que aliarse con otros de la misma condición autocrática, generará bloques que, amparados en la corrupción, serán incorruptibles. ¡No! Véase lo que es la mafia y verá quién tiene el poder: el que tiene la última bala. Ese es el poderoso.
Total, que más que un escuadrón bien articulado, con un buen criterio del poder aún desde su miserable entendimiento, son unos mamarrachos si lo vemos desde su segunda acepción: cosa imperfecta.